El jueves tuvo lugar en el obispado de Alicante el tercer módulo del curso La clase de Religión en nuevos tiempos volvió a convertirse en un espacio de aprendizaje, convivencia y renovación para los docentes de Religión. A pesar de que la jornada estuvo marcada por la lluvia, muchos profesores decidieron seguir apostando por su formación y por el fortalecimiento de nuestra asignatura, demostrando una vez más el compromiso y la ilusión que caracteriza a este colectivo.
La sesión comenzó con un momento de acogida y bienvenida, que dio paso a una tarde llena de experiencias educativas compartidas. A lo largo del módulo, diferentes docentes presentaron sus propuestas y proyectos, abriendo simbólicamente las puertas de sus aulas para mostrar cómo trabajan con su alumnado y cómo la clase de Religión puede convertirse en un espacio vivo de aprendizaje, cultura, valores y diálogo.
Las primeras ponencias nos invitaron a reflexionar sobre la capacidad de la asignatura para construir puentes entre personas y culturas. Silvia Pérez Nicolás y Saleha Selam presentaron la propuesta “La Religión nos une y no nos separa”, mostrando cómo el aula puede convertirse en un lugar de encuentro y respeto entre distintas tradiciones.
Seguidamente, María Julia Ortuño Llinares compartió “La ruta de las ermitas de Altea. Fe, tradiciones y religiosidad”, una experiencia que conecta el aprendizaje con el entorno cercano, el patrimonio y las tradiciones locales.
En esta línea de aprendizaje experiencial, Chelo González González presentó “Aprendiendo con el corazón: peregrinación a la Santa Faz, lugar de encuentro entre la fe y la inclusión”, una propuesta que une espiritualidad, convivencia y educación inclusiva.
Por su parte, María José de Vega Alonso y Lola Canales Bernabé nos recordaron con su ponencia “La clase de Religión no tiene puertas” que el aprendizaje puede extenderse más allá del aula, conectando con la vida real, el entorno y la comunidad educativa.
El patrimonio cultural volvió a estar muy presente con la intervención de Tuli Esclapez Mora y Asun Tormo Crespo, quienes presentaron “De la playa al cielo: la Asunción de María como experiencia educativa y cultural”, mostrando cómo las tradiciones marianas pueden convertirse en un recurso didáctico lleno de significado.
La mirada inclusiva llegó también de la mano de María Cases Gracia, que compartió su experiencia “Reli: fe, tradición y cultura de Elche”, desarrollada en el ámbito de la educación especial.
Tras estas intervenciones, los asistentes disfrutaron de una pausa café, un momento muy esperado que permitió a los docentes reencontrarse, conversar, intercambiar ideas y ponerse al día entre compañeros. Estos espacios informales también forman parte esencial de la formación, ya que favorecen el intercambio de experiencias y la creación de redes entre profesores.
La segunda parte de la tarde continuó con nuevas propuestas inspiradoras. Justa Cortés Ruiz presentó “Un paseo para recordar. Explícame cómo pasó”, una actividad que invita a aprender historia y memoria a través de experiencias cercanas.
A continuación, Julio Escudero Barea y Julián García Iraola mostraron su proyecto “Exploradores de la memoria local”, donde el alumnado investiga y descubre la historia y el patrimonio de su entorno.
La diversidad religiosa también tuvo su espacio en la ponencia de Daniel Crespo Bernabeu, “Experiencia en un instituto multirreligioso”, una propuesta que evidencia cómo la asignatura de Religión puede ser un lugar de diálogo, respeto y convivencia entre distintas creencias.
La jornada concluyó con una despedida marcada por el agradecimiento a todos los ponentes y participantes. Cada intervención dejó nuevas ideas, recursos y motivación para seguir innovando en nuestras aulas.
Este tercer módulo ha vuelto a demostrar que la formación compartida es una de las grandes fortalezas del profesorado de Religión. Cuando los docentes comparten sus experiencias, sus proyectos y su pasión por enseñar, la asignatura crece, se renueva y sigue encontrando nuevas formas de llegar al alumnado.
Sin duda, encuentros como este confirman que la clase de Religión sigue viva, abierta al mundo y en constante evolución, gracias al compromiso de quienes cada día trabajan para hacer de ella un espacio significativo de aprendizaje, cultura y valores.


























