LA IGLESIA EN ESPAÑA QUIERE CUIDAR A QUIEN EDUCA

La Iglesia en España quiere cuidar a quien educa

Este julio se ha celebrado en Salamanca la primera Escuela de Verano del Profesorado de Religión, organizada por la Conferencia Episcopal Española. El lema del encuentro lo dice todo: «Cuidar a quienes educan para diseñar nuevos mapas de esperanza».

No es casualidad que se eligiera Salamanca. La cita coincide con el quinto centenario de la Escuela de Salamanca, aquella corriente de pensamiento del siglo XVI que, desde la universidad, terminó marcando el derecho internacional y la libertad de conciencia tal como los entendemos hoy. La CEE ha querido recuperar esa referencia para pensar de nuevo qué significa ser profesor de Religión.

Al encuentro asistieron responsables diocesanos, formadores, profesores y también representantes de universidades y editoriales. La idea de fondo, según los organizadores, es que la Iglesia necesita «profesores de Religión que no tengan miedo a pensar desde el Evangelio: docentes arraigados en la fe, profesionalmente competentes, capaces de acompañar las preguntas y fragilidades de sus alumnos».

De la reflexión salieron varios acuerdos. El primero, asumir el desarrollo profesional del profesorado como una responsabilidad que corresponde a toda la Iglesia, no solo a cada docente por separado. También se habló de avanzar hacia un Sistema de Desarrollo Profesional único, pero implantado poco a poco, acompañado y con margen para revisar lo que no funcione.

Para que esto salga adelante, los participantes pidieron algunas condiciones claras: que el proceso tenga un carácter formativo, no fiscalizador; que se respete la diversidad entre diócesis y entre las trayectorias de cada docente; y que las delegaciones cuenten con recursos suficientes para poder acompañar de verdad, no solo sobre el papel.

El curso 2026/2027, que arranca en septiembre, será el primero en el que se empiece a aplicar. Está previsto dar a conocer el nuevo sistema, formar los equipos diocesanos de referencia y hacer un diagnóstico real de necesidades en cada diócesis.

Los asistentes trasladaron también cuatro peticiones concretas a los obispos: que se les explique bien la propuesta para poder respaldarla, que se faciliten herramientas para arrancar (guías de autoevaluación, orientaciones para mentoría, criterios de formación permanente), que se coordine una implantación progresiva y que se abran espacios diocesanos donde los profesores puedan participar en el proceso.

También se nombraron los riesgos. El primero, y quizás el más real, es que todo esto se quede en formularios y acreditaciones y se pierda de vista lo esencial: cuidar a las personas y acompañar su crecimiento. Los otros dos son la desigualdad de recursos entre delegaciones y la falta de sostenibilidad de las estructuras a largo plazo.

La cita ya tiene continuidad: en 2028 se celebrará un congreso que no se quede en la teoría, sino que parta de experiencias reales, ya evaluadas, y sirva para reconocer al profesorado de Religión como lo que los organizadores llaman «una comunidad profesional y eclesial» con vocación, identidad y criterios compartidos.

Aquí podrás ver el documento final de la Escuela de Verano de Salamanca

Fuente: ACI Prensa, 23 de julio de 2026.

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